Donnerstag, 11. August 2011

Un trocito ...


Él ya lo había visto por el rabillo del ojo. Lo había visto desde este ojo siempre alerta que ni por un segundo deja de observar su terreno heredado por naturaleza. Sí, se levantó una mano y entonces él ya se dirige hacia ella. Sus brazos finos se despliegan en el aire, en el cual, por su delgadez inmensa, nada detiene a ellos. Casi parecería como si estuviera volando si no hubiera los pies, que también hay que reconocer inevitablemente y que le llevan por el parqué de tal forma que se iguala a un bailarín del ballet ruso. Ni siquiera tocan el suelo. Sólo la punta del pie derecho se acerca un poquito más para poder hacer una de estas piruetas tan inolvidables. Y así, girándose y girándose, él supera todos los obstáculos en su camino. Ya está llegando. Se para frente a mi mesa y yo le pido: -Un café con leche, por favor.- 

Un pequeño texto redactado para el curso universitarrio de Redacción.

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